El 6 de enero es un momento que tiene, sin aparentarlo, un significado especial, pues está en el medio entre una fiesta religiosa y un festejo pagano; aunque no esté en la mitad métrica y exacta, en la práctica sucede que, sin saber bien por qué, el Día de Reyes separa la navidad del carnaval.
La navidad del cristianismo es una de las fiestas mayores y se la festeja, desde hace siglos, dos días después de invierno que, por su lado, es una de las cimas de calendarios de varios pueblos ancestrales. Recuerda el nacimiento de Jesús, el profeta –e hijo de Dios- que diseminó la religión.
Y, el carnaval, cuya fecha está determinada por el calendario de ritos cristianos pero su inspiración tiene más relación con la juerga que con la oración.
En el medio está este 6 de enero. Es importante, nuevamente, en el mundo cristiano porque recuerda la visita de unos reyes magos a Jesús recién nacido, en muchas partes del mundo en ese día se entregan regalos a los niños.
En Riobamba, en el centro del Ecuador, desde hace medio siglo se saca en procesión al Divino Niño, una figura tradicional del cristianismo, y sus fieles dicen que es rey incluso de los reyes magos y por eso la procesión se ha dado a llamar el Pase del Niño Rey de Reyes; el Divino Niño es el rey de los reyes magos.
Es, sin duda que quepa, una de las tres principales fiestas populares andinas del Ecuador y, además, es de las que menos ha sufrido la invasión de culturas extranjeras o extras a esta región del país, cuyos habitantes son en su mayoría, andinos. Nótese que “andino” se llama en esta nota, a los habitantes ancestrales de estos territorios, que no indios ni indígenas.
Si bien durante alrededor de un mes se realizan pequeños pases del niño, novenas (nueve días de preparación para una fiesta grande) y vísperas
(vigilia en la noche anterior a la fiesta grande), el Pase del Niño Rey de Reyes de Riobamba, la fiesta mayor, convoca a no menos de 5.000 participantes y unos 35.000 asistentes que miran, entre eufóricos y en trance místico, una profesión-desfile de cerca de cinco horas. Continúa leyendo Los andinos y el Rey de Reyes